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jueves, 12 de agosto de 2010

Leyendas de Malta

Una leyenda de Gozo dice que mientras regresaba a casa desde Troya, el heroe griego Ulises naufrago en Gozo y paso siete años con la ninfa marina Calypso. Ella vivia en una cueva en lo alto de los acantilados sobre el mar.
Otra de estas leyendas cuenta la historia de una viuda del pueblo de Gharb cuyo hijo fue caturado por unos corsarios. Despues de rezar a San Demetrio, el santo salio de un cuadro de la capilla del pueblo y persiguio al barco corsario sobre las olas, rescato al chico y lo trajo de vuelta, sano y salvo, a su madre.
La última leyenda, que es la más conocida y se puede decir que no es leyenda, sino historia, habla del apóstol San Pablo. Fue arrestado y conducido a Roma para ser juzgado. Tras el naufragio, la vivienda más cercana era la villa de Publio, a las afueras de Melita, donde hoy en día se encuentra Rabat. Publio era el gobernador de la isla y hospedó a los naúfragos en una gruta bajo la vivienda. San Pablo permaneció en la isla tres meses y sembró la doctrina cristiana, a la que la población de malta se adhirió con entusiasmo. Según la tradición, a las piedras de esta cavidad se les atribuyeron poderes milagrosos y en el solar donde se levantaba la residencia de Publio se edificó una iglesia. Ésta fue reconstruida varias veces y hoy su lugar está ocupado por la Iglesia de San Pablo de Rabat.

jueves, 29 de julio de 2010

El centro de la isla: Mdina, Rabat y Mosta (I)

Los árabes dividieron la ciudad romana de Melita en dos partes: Mdina y Rabat. Estas ciudades están situadas sobre una cresta desde donde se domina toda la isla y el mar que la rodea, por lo que es un excelente punto de vigilancia. En época medieval algunas órdenes se establecieron fuera de las murallas de Mdina, haciendo crecer Rabat y, tras la fundación de La Valletta estas órdenes decidieron trasladarse a un lugar más cercano al mar. Este hecho produjo la disminución de población de Mdina, recibiendo el nombre de la Ciudad del Silencio.

Allí quedaron las familias aristocráticas viviendo en sus palacios que han llegado hasta hoy, como el Palacio de Vilhena. Sin embargo, Mdina no quedó del todo abandonada por las órdenes. Cerca de allí, en el Buskett (literalmente bosquecito) establecieron los Grandes Maestres de la orden un pabellón de caza y de retiro que hoy en día, es también la residencia oficial del Primer Ministro maltés.

En 1693 un pavoroso terremoto destruyó gran parte de la ciudad. El desastre afectó más profundamente a una parte de la ciudad que a otra, hasta el punto de que hay una calle en la que una casa es de estilo barroco (reconstruida tras la catástrofe) y la de al lado conserva su estilo gótico (anterior al temblor). Debido a este hecho, Mdina conserva una parte de la anterior ciudad medieval.

El mayor encanto que nos muestra Mdina consiste en dejar llevar nuestros pasos a través de las estrechas y zigzagueantes calles. Deslizar nuestra mirada por las paredes de piedra, deteniéndonos en las rejas de hierro forjado, en los ventanales góticos con rosetones y en los coloridos balcones cubiertos de celosías y adornados con flores. Sorprendiéndonos a cada momento con encantadores portales y bellísimos rincones escondidos tras las esquinas.

martes, 13 de julio de 2010

Un día perfecto en La Valletta

La Republic Avenue hierve de vida desde primeras horas de la mañana con gente que va y viene de las tiendas, cafeterías, iglesias y edificios oficiales. Al poco de caminar encontramos la Plaza de San Gwan y la catedral del mismo nombre que bajo su precioso techo esconde un tesoro pintado por Caravaggio hace ya cuatro siglos. Tras la catedral, otro pintor, esta vez maltés, nos enseña sus cuadros de barcos, catedrales y rincones floridos. Nuestros pasos siguen la cuesta abajo que nos lleva a la fortaleza de San Telmo entre puestos de fruta, santos en las esquinas de los edificios y bajo la sombra que proyectan los balcones cubiertos por celosías.
Una vez en San Telmo, subimos al monumento de las Campanas del Sitio de Malta. Desde allí, a través de la bahía, podemos imaginar como llegaron a la isla las distintas civilizaciones que pasaron por este centro del Mediterráneo: fenicios, cartagineses, romanos, turcos, españoles, ingleses... Un poco más al este, los Barraca Gardens ejercen de balcón encarado a la bahía y desde ellos podemos ver las llamadas Tres Ciudades: Sanglea, Conspicua y Vittoriosa. De regreso por esa lengua de tierra adentrada en la bahía que es La Valletta, comemos en un restaurante maltés. Nuestra boca se llena del fuerte sabor del queso, la acidez del vinagre, la mezcla de aromas de las especias y la tibieza de un buen vino tinto. Ascendiendo ahora las calles, nuestro caminar se ralentiza a causa de las notas de un piano que se escapan desde las ventanas abiertas del Teatro Manoel. Y es necesario parar, referscarse en una terraza junto a la catedral y ver pasar a la gente.
Cuando cae la noche, un sonido de guitarra nos atrae a South Street. Allí, la esquina con Strait St. se convierte en un rincón bohemio con coloridos cuadros en la fachada de un pub y la música de un dueto que canta baladas de pop inglés. Después, con paso ya cansado, volvemos a las puertas de la ciudad custodiadas por los tritones. Guardianes incansables que dan la bienvenida y despiden desde su rendonda fuente a quien decide visitar la Ciudad de los Caballeros.