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lunes, 15 de abril de 2013

El cul de la Lleona.



Si vas a Girona has de fer un petó al cul de la lleona. Només així sabràs de bon tros que tornaràs a la ciutat. Tal vegada per quedar-te per sempre...
Al final de la primavera de 1258 hi havia a Girona una posada que ja no existeix. Aquesta posada estava a càrrec de dues persones, els Vila, que eren marit i muller, i es trobava situada al final del carrer de les Ballesteries. Front a la porta, separada dels murs de la posada hi havia una columna de pedra de color gris perla, amb una lleona esculpida utilitzant la mateixa  pedra, a la part de dalt, quasi a l’altura del capitell. La lleona està abraçada amb les seues urpes al fust i gira el cap, mirant cap al carrer i mostrant els seus afilats ullals. A la dreta de la porta, a l’angle superior, hi havia un socarrat amb la imatge d’un home i una dona a l’interior d’una cuina: L’home tasta la sopa que continua calfant-se al foc, mentre la dona es dedica a pelar unes cebes. Aquella ceràmica anunciava que a l’establiment es servien dinars. La columna i la felina, anunciaven que aquella era la famosa posada de La Lleona.
                Era freqüent que a l’entrada d’una posada hi haguera alguna carreta i aquesta vegada no va ser una excepció. Era una carreta gran i forta. Pel seu aspecte, un ull expert endevinaria que es tractava d’una carreta cara, de les que utilitzen els comerciants que es desplacen a molta distància del lloc on viuen. Un viatge tan llarg com el que havia fet aquella carreta necessitava que els materials amb que estava feta foren resistents i de qualitat.
                Aquell capvespre al costat de la carreta estava asseguda sobre un fardell una jove d’uns vint anys d’edat, vestida amb una brusa de color blanc i un cosset negre sense mànegues. Una manta de color fosc li protegia els muscles de la humitat de l’Onyar. La jove era bella. Els seus ulls blaus tenien la forma dues ametlles, les seues galtes estaven rosades a pesar del fred, els seus foscos cabells ondulats queien graciosament al llarg de la seua esquena. Mirava amb els ulls entornats les escales i el campanar romànic de l’església de Sant Feliu; després baixava la vista cap a un paper on dibuixava amb un carbonet mentre esperava que el seu home esquera de la posada. La seua traça feia que els vianants que allargaven la vista cap al dibuix es quedaren, encuriosits, una estona a vore treballar l’artista i, poc a poc, un rogle de gent s’apuntava per dalt la seua esquena a vore- la dibuixar.
                Aleshores, un jove havia eixit de la posada i poc a poc s’havia anat aproximant a la carreta.
-          Sembla que hui tens públic.
El xic s’havia col·locat uns passos davant d’ella i la mirava amb un somriure. Duia una bossa de cuiro creuada sobre el cos i una clau enorme a la mà.
La xica va alçar la vista del dibuix per a mirar el seu marit, li va fer un gest perquè s’asseguera al seu costat.
-          Tenim jaç on passar la nit?
El seu home li va mostrar les claus que portava.
-          Durant tota la fira.
-          Que il·lusió, no?
I va abraçar el seu company.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pongamos que hablo de Madrid


En un hotel cerca del Prado,

donde me llevaste a dormir,

donde descansamos del trabajo,

pongamos que hablo de Madrid.

Donde los artistas dibujan en el suelo,

siempre hay una foto para ti,

cualquier rincón de allí parece bueno,

pongamos que hablo de Madrid.

Una mujer con un sombrero negro,

nos mira y se pone a sonreír,

nos la encontramos luego en el museo,

pongamos que hablo de Madrid.

Un trovador acaricia la guitarra,

con canciones que nunca antes oí

el fotógrafo apunta y dispara,

pongamos que hablo de Madrid.

Las librerías salen a la calle,

la gente protesta aquí y allí,

en los bares no hay sitio para nadie,

pongamos que hablo de Madrid.

Esta noche cenamos en las Huertas,

y mañana ¿donde quieres ir?

te cuento un secreto en la Almudena,

pongamos que hablo de Madrid.

jueves, 12 de agosto de 2010

Leyendas de Malta

Una leyenda de Gozo dice que mientras regresaba a casa desde Troya, el heroe griego Ulises naufrago en Gozo y paso siete años con la ninfa marina Calypso. Ella vivia en una cueva en lo alto de los acantilados sobre el mar.
Otra de estas leyendas cuenta la historia de una viuda del pueblo de Gharb cuyo hijo fue caturado por unos corsarios. Despues de rezar a San Demetrio, el santo salio de un cuadro de la capilla del pueblo y persiguio al barco corsario sobre las olas, rescato al chico y lo trajo de vuelta, sano y salvo, a su madre.
La última leyenda, que es la más conocida y se puede decir que no es leyenda, sino historia, habla del apóstol San Pablo. Fue arrestado y conducido a Roma para ser juzgado. Tras el naufragio, la vivienda más cercana era la villa de Publio, a las afueras de Melita, donde hoy en día se encuentra Rabat. Publio era el gobernador de la isla y hospedó a los naúfragos en una gruta bajo la vivienda. San Pablo permaneció en la isla tres meses y sembró la doctrina cristiana, a la que la población de malta se adhirió con entusiasmo. Según la tradición, a las piedras de esta cavidad se les atribuyeron poderes milagrosos y en el solar donde se levantaba la residencia de Publio se edificó una iglesia. Ésta fue reconstruida varias veces y hoy su lugar está ocupado por la Iglesia de San Pablo de Rabat.

jueves, 29 de julio de 2010

El centro de la isla: Mdina, Rabat y Mosta (I)

Los árabes dividieron la ciudad romana de Melita en dos partes: Mdina y Rabat. Estas ciudades están situadas sobre una cresta desde donde se domina toda la isla y el mar que la rodea, por lo que es un excelente punto de vigilancia. En época medieval algunas órdenes se establecieron fuera de las murallas de Mdina, haciendo crecer Rabat y, tras la fundación de La Valletta estas órdenes decidieron trasladarse a un lugar más cercano al mar. Este hecho produjo la disminución de población de Mdina, recibiendo el nombre de la Ciudad del Silencio.

Allí quedaron las familias aristocráticas viviendo en sus palacios que han llegado hasta hoy, como el Palacio de Vilhena. Sin embargo, Mdina no quedó del todo abandonada por las órdenes. Cerca de allí, en el Buskett (literalmente bosquecito) establecieron los Grandes Maestres de la orden un pabellón de caza y de retiro que hoy en día, es también la residencia oficial del Primer Ministro maltés.

En 1693 un pavoroso terremoto destruyó gran parte de la ciudad. El desastre afectó más profundamente a una parte de la ciudad que a otra, hasta el punto de que hay una calle en la que una casa es de estilo barroco (reconstruida tras la catástrofe) y la de al lado conserva su estilo gótico (anterior al temblor). Debido a este hecho, Mdina conserva una parte de la anterior ciudad medieval.

El mayor encanto que nos muestra Mdina consiste en dejar llevar nuestros pasos a través de las estrechas y zigzagueantes calles. Deslizar nuestra mirada por las paredes de piedra, deteniéndonos en las rejas de hierro forjado, en los ventanales góticos con rosetones y en los coloridos balcones cubiertos de celosías y adornados con flores. Sorprendiéndonos a cada momento con encantadores portales y bellísimos rincones escondidos tras las esquinas.

martes, 13 de julio de 2010

Un día perfecto en La Valletta

La Republic Avenue hierve de vida desde primeras horas de la mañana con gente que va y viene de las tiendas, cafeterías, iglesias y edificios oficiales. Al poco de caminar encontramos la Plaza de San Gwan y la catedral del mismo nombre que bajo su precioso techo esconde un tesoro pintado por Caravaggio hace ya cuatro siglos. Tras la catedral, otro pintor, esta vez maltés, nos enseña sus cuadros de barcos, catedrales y rincones floridos. Nuestros pasos siguen la cuesta abajo que nos lleva a la fortaleza de San Telmo entre puestos de fruta, santos en las esquinas de los edificios y bajo la sombra que proyectan los balcones cubiertos por celosías.
Una vez en San Telmo, subimos al monumento de las Campanas del Sitio de Malta. Desde allí, a través de la bahía, podemos imaginar como llegaron a la isla las distintas civilizaciones que pasaron por este centro del Mediterráneo: fenicios, cartagineses, romanos, turcos, españoles, ingleses... Un poco más al este, los Barraca Gardens ejercen de balcón encarado a la bahía y desde ellos podemos ver las llamadas Tres Ciudades: Sanglea, Conspicua y Vittoriosa. De regreso por esa lengua de tierra adentrada en la bahía que es La Valletta, comemos en un restaurante maltés. Nuestra boca se llena del fuerte sabor del queso, la acidez del vinagre, la mezcla de aromas de las especias y la tibieza de un buen vino tinto. Ascendiendo ahora las calles, nuestro caminar se ralentiza a causa de las notas de un piano que se escapan desde las ventanas abiertas del Teatro Manoel. Y es necesario parar, referscarse en una terraza junto a la catedral y ver pasar a la gente.
Cuando cae la noche, un sonido de guitarra nos atrae a South Street. Allí, la esquina con Strait St. se convierte en un rincón bohemio con coloridos cuadros en la fachada de un pub y la música de un dueto que canta baladas de pop inglés. Después, con paso ya cansado, volvemos a las puertas de la ciudad custodiadas por los tritones. Guardianes incansables que dan la bienvenida y despiden desde su rendonda fuente a quien decide visitar la Ciudad de los Caballeros.

viernes, 26 de febrero de 2010

Un paseo por Madrid

En la Puerta del Sol, Carlos III nos invita a dar un paseo por Madrid que nosotros aceptamos gustosos. La ciudad ha amanecido sin una sola nube y el cielo azul es un diáfano fondo sobre el que se recortan los magníficos edificios de la capital. Al abandonar la plaza, podemos ver como un oso se estira, hambriento, intentándo alimentarse de un madroño.
Ya en la calle de Alcalá, dos grifos y un león nos observan detenidamente cuando pasamos por delante de la puerta de la Casa Real de Aduana. Enfrente, estatuas doradas custodian el reloj de una torre, mientras observan el paso de la gente que camina bajo ellas ajenas al discurrir del tiempo; otras, de bronce, se alzan altivas sobre sus cuádrigas como si retaran a tan feroz enemigo; una tercera pareja, de piedra, conversa sentada sobre una balaustrada mientras comentan la ingenuidad de los héroes de bronce. Unos metros más adelante, la diosa Cibeles intenta salir del encierro al que le somenten las versiones modernas de su carro tirado por dos leones, preguntándose por qué corren a tal velocidad y si le será posible salir de tal atasco alguna vez.
En el paseo de Recoletos, unos budas de color naranja y con careta de esgrimista están sentados en fila, y no se alteran cuando nos fotografiamos junto a ellos, tal es su grado de meditación. Al llegar a la plaza de Colón, el testarudo descubridor sostiene en su mano derecha una bandera mientras que, con su izquierda, hace ademán de mostrarnos su descubrimiento. Te equivocas de nuevo, Cristóbal, esto tampoco es la India, es Madrid. Frente a Colón se abren las puertas de la Biblioteca Nacional y allí preguntamos a Antonio Machado cuál es el camino que debemos seguir para llegar al Retiro, a lo que responde: "Caminantes, no hay camino, se hace camino al andar". La respuesta es bonita, pero no nos saca de dudas (¿o tal vez si?). Entonces, decidimos preguntar a los escritores apostados en las escaleras de la Biblioteca.
Nebrija se empeña en explicarnos algunos aspectos sobre su gramática que lleva en la mano, pero el tiempo apremia y probamos suerte con Luis Vives quien, sumido en profundas reflexiones, no parece darse cuenta de nuestra presencia. Lope de Vega, pluma en mano, parece estar creando hermosos versos, así que no queremos espantar a las musas y preguntamos a Cervantes quien, muy caballeroso, nos indica el camino. Antes de irnos, decimos adiós a San Isidoro y a Alfonso X que se despiden de nosotros sin levantar la vista de sus escritos.
El paseo por el Retiro es apacible, gracias al suave clima de esta tarde de invierno. Admiramos los jardines, nos fotografiamos junto al estanque y penetramos en el palacio de cristal. Ya al final, una nueva figura nos llama la atención. Se trata del Ángel Caído quien, en lo alto de una fuente, dirige horrorizado su mirada hacia arriba. Y no me extraña, se ha dado cuenta de que ha cometido un tremendo error y de que jamás podrá regresar al claro y azul cielo de Madrid.

viernes, 16 de octubre de 2009

La ciudad vertical

La tierra está herida en Cuenca por el discurrir de dos ríos, el Júcar y el Huécar, que abrazan una imponente mole de rocas sobre la que se alza la antigua ciudad. Al atravesar cualquiera de los puentes que cruzan estos ríos, observamos como se levanta ante nosotros una ciudad vertical. Sus casas, balcones y miradores quedan suspendidos en el aire, y nos muestran la mágica belleza de todas las ciudades por las que fluye el tranquilo cauce de un río.
A izquierda y derecha de su calle principal se abren estrechas callejuelas. Un continuo subir y bajar de escaleras y pendientes que, sin excepción, terminan en un balcón que mira a las hoces de ambos ríos. Desde uno de ellos podemos alcanzar el puente rojo, suspendido sobre el Huécar, que nos lleva a las puertas del Parador Nacional.
Siguiendo por la calle principal, franqueados por casas de colores cálidos que ganan en intensidad con la luz del atardecer, llegamos hasta la plaza Mayor. Pasando bajo sus arcos, se muestra ante nosotros la catedral gótica, de estilo francés. Desde allí, un suave paseo nos traslada hasta el castillo, convertido en otro mirador donde, ya desde el punto más alto, podemos ver cómo se despliegan ante nosotros altísimos cortados y barrancos. Siempre en línea recta hacia el suelo. Siempre en vertical.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Korea: Mi amiga Sangmi Kim

Sangmi me recibe en el aeropuerto con una sonrisa de oreja a oreja en sus labios y a partir de entonces se convierte en la mejor guía posible de Seoul. En los lluviosos días que me tocaron en suerte recorrí con ella decenas de paradas de los mercadillos de Seoul en busca de un baduk (un juego de mesa coreano) y subimos a una montaña, el Buk-ak- san, que estuvo cerrada hasta 2007 y sigue vigilada militarmente, porque en ella se escondían espías norcoreanos. Con ella probé el "dulce de los 10.000 hilos", aprendí a leer coreano (aunque no entiendo ni papa), comí la deliciosa ternera que allí preparan en un infiernillo en tu propia mesa y vi mi primer atardecer en Seoul desde la colina donde se encuentran las tradicionales casas coreanas.
Una tarde en la que la copiosa lluvia no nos dejaba salir, Sangmi, con gesto preocupado, trazó una linea recta en la libreta donde me estaba explicando los fonemas de su lengua. "Yo quiero que mi vida vaya así, pero la vida no transcurre por el camino que tú has planeado. Y entonces dibuja una línea ondulada por encima de la anterior."La vida no es fácil. He gastado demasiado tiempo y dinero de mis padres con mis problemas y viajando". Acto seguido me confía todos sus problemas, sus preocupaciones y sus sueños. A mi, a casi un desconocido. Mágico, ¿no?

domingo, 4 de octubre de 2009

Japón: señas de identidad (y III)

El arte es, sin duda, una de las más importantes señas de identidad de cualquier país y, por lo tanto, también lo es de Japón.
En la arquitectura, encontramos su peculiaridad en los templos construidos principalmente de madera y con predominio del color rojo. Los sintoistas están precedidos por toris, puertas construidas con dos enormes troncos de cedro como listones y un travesaño, no así los budistas que tienen puertas más complicadas. También son peculiares los tejados japoneses con vertientes combadas y decoraciones fabricadas en metal. En los tejados de los castillos o palacios, estas decoraciones nos muestran si fueron construidos por el emperador o por los jefes de la guerra. Otro aspecto peculiar de la arquitectura la encontramos en el hecho de que los castillos no están fuertemente fortificados con murallas y almenas como los occidentales, sino que simplemente se encuentran rodeados por fosos y en altura, para vigilar la llegada del enemigo. Se asemejan así a palacios.
En escultura destacan las imágenes de buda sentado sobre una flor de loto. Pude ver una de las más importantes en Nara. También destacan estatuas de piedra de dragones, leones y guerreros de madera cuya simbología es la de ser guardianes de los templos y palacios. Esta escultura de la piedra tiene mucha importancia también en los jardines y la observamos, sobre todo, en la realización de lámparas con las que se iluminan estos jardines y parques.
En cuanto a la pintura, en algunas casas medievales y de geishas que visitamos pudimos ver reproducciones de las pinturas clásicas japonesas. En ellas destacan los paisajes, la mayoría montañosos y escenas cinegéticas (de bailarinas, ceremonia del té, etc. )

lunes, 28 de septiembre de 2009

Japón: señas de identidad (II)

El origen del japonés sigue siendo un misterio para los lingüistas. Se sabe que proviene de las lenguas asiáticas que atravesaron China y llegaron a las islas a través de Corea. El japonés oral se llevó al papel basándose en los caracteres chinos Han. Sin embargo, la gramática china y la japonesa son totalmente distintas. A partir de ahí, los caracteres chinos evolucionan al actual alfabeto Kanji que se utiliza en el japonés de hoy en día. En el siglo X se desarrollan dos alfabetos silábicos propios: el hiragama y el katakana. En la actualidad, el japonés es uno de los idiomas más difíciles de aprender ya que combina cuatro alfabetos: uno simbólico -kanji-, dos silábicos -hiragama y katakama- y el occidental -romaji-.
El idioma es, por tanto, otro de los signos de identidad del país nipón. Restaurantes, tiendas, supermercados y las máquinas espendedoras de tickets en algunas estaciones de metro (por poner algún ejemplo) están esencialmente en japonés. Tan solo en los hoteles y en los autobuses turísticos encontramos a gente que hable en inglés. Si tenemos suerte y buscamos bien, podemos encontrar restaurantes que tengan los ingredientes de los platos en inglés, pero en general están siemre en japonés, a veces, incluso los precios.
Así, a la hora de comer, muchas veces teníamos que dedicar bastante tiempo a buscar lugares donde, o bien la carta estuviese en inglés, o bien apareciesen dibujos de la comida. Aunque los más curiosos era aquellos que tenían escaparates con reproducciones de los platos hechos en cera.
En fin, que una de las mayores dificultades de viajar a Japón residen en la dificultad del idioma. Sin embargo, también le da un toque de exotismo y acrecienta la sensación de estar en una parte toalmente diferente del mundo a la que nos encontramos en occidente. Y eso, si lo que te gusta es conocer un mundo diferente al tuyo, le da mucho encanto al viaje.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Japón: señas de identidad (I)


En una época en la que la globalización eleva las diferencias en el "primer" mundo a la mínima expresión, no hay nada como viajar para comprobar que este afán por unificar no es otra cosa que una quimera y una gran mentira. Uno podría imaginar que una gran urbe como Tokio no difiere gran cosa de otra como puede ser Nueva York, Londres, París o Madrid. Que para "encontrar" el verdadero Japón hay que buscar pequeñas poblaciones perdidas por las islas niponas. En parte, es cierto, pero la verdad es que las señas de identidad de este pequeño pero rico país están en cada unos de sus rincones. Incluso en la gran ciudad.
Desde que uno atraviesa las puertas del aeropuerto, percibe una de estas señas de identidad: el gusto por el orden y la limpieza. Las paradas de los autobuses que llevan a los hoteles turísticos están organizadas por casillas, de forma que, si tu autobús es el segundo en llegar te situarás en la casilla 2. Después pasarás a la uno y, finalmente, subirás al autobús. Tu medio de transporte llegará irremediablemente a la hora indicada. Incluso los andenes del tren están numerados y las puertas se abren exactamente delante del número correspondiente con el vagón. Me da la risa al pensar en España donde el autobús no puede parar en su "parada" porque hay un coche mal aparcado y en los andenes del tren, al vagón 1 no siempre le sigue el 2, porque está el último, ya que será desenganchado en Salamanca para los que viajan a La Coruña.
En las calles es impensable encontrar un sólo papel, botella de plástico o colilla a pesar de que no hay papeleras excepto en las estaciones y en algunos parques. De hecho, los fumadores tienen sus propios rincones en plena calle con ceniceros donde pueden depositar los restos de su tabaco. Y ya he hablado aquí de la decoración y orden que rigen los escaparates de comida y sobre todo de dulces y frutas.
En el hotel, si has contratado una excursión, el día anterior llega un fax explicándote a que hora pasarán a recogerte, en que hotel se iniciará el viaje y adjuntarán un mapa del hotel, guiándote al punto de encuentro. Además, siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano en caso de que no sepas muy bien donde debes acudir. Todo ello adobado con una amable sonrisa.
Esta forma de ser puede ser alienante para quien vive allí, no me cabe duda, pero para el viajante es maravillosa ya que tienes la tranquilad total de que tu tren saldrá a su hora, de te encuentras en la parte correcta del hotel, y cuando llegas al lugar todo está limpio y preparado para que disfrutes al máximo de él. Y si quieres llevarte algún recuerdo, te lo empaquetarán de forma que te dé lástima después abrirlo. Tan bonito te lo dejan.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Shinto: El camino de los Dioses

Cuando Yoko pasa por debajo de los robustos troncos de cedro, que forman el tori que hace de puerta de entrada al recinto de la ermita, siente como su alma queda purificada, quedando libre de la contaminación a la que a veces se ve sometida, aún en personas tan inocentes como ella. Sus pausados pasos hacen crujir suavemente la húmeda tierra bajo sus pies, mientras se acerca a la pequeña capilla situada en el centro de un bosque.
Antes de subir los escalones que la llevarán hacia el decorado altar, se detiene ante una fuente dónde, esta vez, se librará de las impurezas físicas antes de entrar al recinto. Así pues, valiéndose de un pequeño cazo con el mango de madera y el recipiente de latón, recoge el limpo y fresco agua que sale de las fauces de un dragón de hierro. Primero limpia su mano izquierda, después la derecha y, acto seguido vierte un poco del vital líquido en su mano para llevárselo a la boca completando así el ritual de pureza. Ahora ya está lista.
Poco a poco asciende las escaleras que la llevan frente al altar. Allí cuelga del techo una gruesa y pesada cuerda trenzada que sirve para tocar una campana. La agarra con sus dos delicadas manos y la agita hasta hacerla sonar. Ahora los dioses ya están despiertos y atententos para oir sus ruegos. En primer lugar hace dos reverencias frente al altar y después da dos fuertes palmadas. Sus manos quedan juntas para comenzar con su súplica.
Mientras realiza sus peticiones, Yoko puede sentir la presencia de todos los "kami" que residen en las cosas que le rodean ya sean vivientes o no. Los animales en los árboles que rodean la ermita, las hojas, raíces, piedras, rocas, estatuas, el agua, el sol, las gotas de lluvia que todavía cuelgan de los alerones del templo, la suave brisa que agita las ramas de los árboles, el fuego de las lámparas que iluminan el altar... Todos tienen su kami, que se pone en marcha para satisfacer los ruegos de Yoko. Después, la joven completa el ritual con otra reverencia.
Poco a poco desciende los escalones con ánimos renovados. Espera que los dioses sean buenos y que le concedan sus deseos. Poco a poco, envuelta en los frescos olores del bosque que le rodea, se aleja con el alma limpia y renovada de buenos augurios.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Tokyo: Sus parques y estaciones de tren (y II)


...Al otro lado de la ciudad, la pequeña estación de Harajuku es una colmena en la que un enjambre de personas, en su mayoría adolescentes, entran y salen, en dirección a Takeshita dori. En esta calle se agolpan los colegiales en su multitud de tiendas de ropa para jóvenes, restaurantes de comida rápida y otro tipo de tiendas donde pueden comprar los más sorprendentes artículos y los complementos de los cantantes de moda y de sus héroes favoritos del manga. Al otro lado del puente, el parque Yoyogi es un remanso de paz y tranquilidad en comparación con el bullicioso Harajuku. Sin embargo, los domingos se convierte en el punto de reunión de tribus urbanas como las "lolitas" (ataviadas con túnicas oscuras, pomposos vestidos o calcetas y faldas marineras según las variantes) o las "decore" (que utilizan gran cantidad de adornos de colores).
Ya por la noche, cerca de la estación de Hamamatsu-cho, los restaurantes japoneses ofrecens sus productos en escaparates, con réplicas de sus platos hechas de cera, los yakitoris atraen a sus clientes gracias a sus típicas lámparas de papel de color naranja y les invitan a picar algo y a beber una Sapporo, con las luces de la Torre de Tokyo al fondo, elevándose sobre sus cabezas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Tokyo: sus parques y estaciones de tren (I)

La vida comercial y de ocio de la capital de Japón se desarrolla alrededor de las estaciones de JR (Japan Railways). Con ellas como punto de partida, el biandante puede recorrer avenidas y manzanas de bloques de edificios realizando sus compras en numerosos centros comerciales y tiendas, anunciadas con impactantes luces de neón. También puede saciar su apetito en restaurantes japoneses, yakitoris o hamburgueserías o descansar en amplios y bellos parques que se extienden a lo largo de toda la metrópoli.
Alrededor de la estación de Yarakucho, podemos visitar el parque de Hibiya y el Palacio Imperial. Así mismo, al otro lado de las vías se despliega el distrito comercial de Ginza, flor y nata del Tokio más chic. Las tiendas de Gucci y Channel compiten con los centros comerciales de Wako y Mitsukoshi que muestran todo su potencial decorativo en los lujosos escaparates. Además, en las plantas bajas de estos grandes almacenes, los estanes de fruta, dulces y demás alimentos dejan boquiabierto al visitante por su cuidada exposición. El cliente ya está disfrutando del producto nada más deleitándose con su vista...

sábado, 21 de febrero de 2009

Sábado 10 de agosto. Colombo-Habarana:Sri Lanka, la Isla Maravillosa

Sri Lanka es una isla con poco más de 20 millones de habitantes al sur de la India, inconfundible por su forma de gota. Colombo, la capital, está al oeste del país. Desde allí partimos hacia Habarana una ciudad situada en el centro.
Las carreteras nacionales de Sri Lanka son como las secundarias de aquí, con el añadido de que SIEMPRE se puede adelantar. Si vas más rápido que el coche, el autobús o la moto de delante, pitas, se aparta y adelantas. Da igual que venga un coche de cara. Esto hace que, aunque al principio íbamos mirando hacia adelante, decidamos mirar por las ventanillas laterales... y que sea lo que dios quiera. Aparte de una locura, estas vías son auténticos ríos de vida pues las casas y las tiendas se alinean junto a la carretera, de forma que no existen apenas espacios inhabitados en sus orillas. Eso sí, la densidad de edificios disminuye conforme nos alejamos de la capital y vuelve a crecer cuando nos acercamos a las ciudades importantes.
A mitad de camino no detenemos en Pinnawella, donde está situado el orfanato de elefantes de Sri Lanka. El paisaje que nos envuelve es maravilloso. Bajo nuestros pies se extiende la ribera de un ancho río de poca profundidad donde los elefantes beben o se desplazan mansamente en pequeños grupos. Al fondo, un frondoso bosque de palmeras y el verde tapiz que cubre por completo el suelo, nos recuerda que estamos en la selva y nos trae a la memoria todos esos paisajes que hemos visto en las películas. Los elefantes apadrinados en este paraje también aportan su granito de arena. Una de las atracciones es alimentar con un biberón a una cría de elefante o hacerse fotos con ellos. Por otra parte, también se aprovechan los excrementos de estos enormes animales para fabricar un tipo de papel. Los paquidermos sintetizan la fibra de las hojas de palma y con la pasta resultante y tras varios procesos se obtiene el papel.
Después de comer reanudamos el viaje. La siguiente parada es, ya cerca de Habarana, la fortaleza de la roca de Sigiriya. Situada en un altiplano, en el centro de una selva, se alza una enorme roca con forma de elefante. El inicio de la subida viene indicado por una escalera flanqueada por dos enormes garras de león. Hacia la mitad de la roca, bajo una especie de saliente natural, podemos admirar las pinturas de arte singalés "las doncellas celestiales". Se trata de representaciones de mujeres semidesnudas con adornos en sus cuerpos y en sus cabellos, portando bandejas con frutos y flores, como si estuviesen realizando alguna ofrenda. En su parte más alta se encuentra un palacio construido por el rey Kashyapa en el siglo V a.C. con piscinas que se usaban para regar los jardines y escenarios para las bailarinas. Desde allí admiramos el paisaje y observamos a lo lejos la estatua enorme de un buda, mientras más allá, en el horizonte, el sol empieza a ponerse anunciándonos el final de nuestra jornada

domingo, 25 de enero de 2009

Sábado 9 de agosto. Male

Hoy es un día de despedidas. Durante el desayuno me doy cuenta de una de las imágenes que para mí mejor reflejan este día. En la parte de estribor del barco hay un mueble bajo y alargado que, durante todos estos días, ha estado abarrotado con cámaras, carcasas, cremas, libretas, bolígrafos, libros de especies marinas, revistas, etc... Hoy se encuentra ya vacío porque no vamos a bucear. El exterior del barco también comienza a transformarse en un adiós. Las toallas, bañadores, aletas o escarpines que estaban desperdigados por toda la cubierta van desapareciendo conforme avanza la mañana. Sin casi darnos cuenta, nos encontramos despidiéndonos de la tripulación y subiendo al "dhoni" que nos llevará al aeropuerto de Male. Allí, dejamos las maletas en consigna y subimos a un "dhoni-bus" para trasladarnos a la ciudad de Male.
A pesar de ser un día de despedidas, había que aprovecharlo. Y eso hicimos. Con la ayuda de un guía vemos los lugares más importantes de Male: la mezquita y el cementerio. Este último era bastante curioso: las lápidas tienen una forma redondeada en su parte superior y están colocadas muy juntas; por otro lado están los mausoleos que se parecen a pequeñas cabañas hechas de piedra con tejado a dos aguas. Su decoración se realiza mediante rectángulos de distintos tamaños esculpidos en la piedra. Se accede a los mausoleos a través de una puerta de madera precedida de un escalón. El guía nos explica que se trata de un cementerio antiguo y que sólo se enterraban allí a guerreros y personas importantes.
Después de comer y de hacer las últimas compras llega el momento de regresar al aeropuerto. Allí nuestros compañeros durante los últimos días van desapareciendo poco a poco detrás de las puertas corredizas del aeropuerto. A Toni y a mí todavía nos queda esperar unas horas a nuestro avión que nos llevará a visitar la isla de Sri Lanka. Pero esa, es otra historia...

Abrazos y besos para nuestro amigos a bordo del Southern Cross: David, Bea, Nicola, Manuela y José María, Óscar y Tini, Vanessa y Paco.

martes, 21 de octubre de 2008

Viernes 8 de agosto. Sout Male

Empezamos el día con un desayuno maldivo. Se llama sa soni (no estoy seguro de que se escriba así) y es una especie de "burrito" en el que el relleno está hecho con coco rayado, atún, chili (verde y rojo), cebolla y zumo de limón. Todo esto se enrolla con la tortita. A mí me gustó mucho y pienso hacerlo en casa alguna vez.
Después nos quedaban todavía tres inmersiones, dos de ellas en la estación de limpieza de mantas. En la primera de ellas sólo hemos visto dos mantas, una de ella bastante grande con seis rémoras haciendo sus labores de limpieza. Hemos estado bastante cerca y, la verdad me ha gustado los movimientos tranquilos y elegantes de las mantas.
Sin embargo, la segunda inmersión ha sido mucho mejor. Hasta cinco mantas se han juntado en la estación, junto con dos tortugas, una de ellas enorme.En algunos momentos el escenario ha sido espectacular. Las mantas han comenzado a pasar cada vez más cerca de nosotros e incluso por encima. Los que llevan cámara se han hinchado a hacer fotos. Yo creo que no ha quedado ni un ángulo de ninguna manta sin ser fotografiado. La visión era tan bonita que todos hemos apurado el aire al máximo. Al final, mientras hacíamos la parada de seguridad, todavía hemos disfrutado de un baile de tres de las mantas, que volaban en circulos bajo nosotros. Ha sido una imagen que se me ha quedado grabada.
Todavía nos quedaba una tranquila inmersión en Banana Reef, en la que lo más curioso, para mi, ha sido ver la gamba compañera emperador (negra), una gamba minúscula que se esconde en los erizos de mar cuando se les caen la púas.
Más tarde, en el barco hemos disfrutado de nuestras última horas juntos y se notaba un poquito que a todos nos daba lástima. Hemos compartido direcciones y correos electrónicos mientras la noche la empezaba a ganar la partida al atardecer. A lo lejos, como un lamento, el almuecín empezaba a llamar a la oración desde la mezquita de Male.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Jueves 7 de agosto. South Male




No se puede ir a Maldivas y no pisar una de las numerosas islas desiertas de las que consta el archipiélago, y, precisamente, es lo que hemos hecho hoy después de las inmersiones. Por cierto, estas inmersiones continúan siendo fantásticas. Hoy hemos hecho lo que se llama un córner. Entre las islas del archipiélago existen coredores o pasillos por los que entran y salen los peces, según la corriente, al interior o al exterior del atolón. A determinadas horas que conocen los guías, se produce un desfile de peces mayores que van allí a alimentarse. El invitado de honor a este almuerzo es el tiburón gris.

Así que hemos bajado unos 35 metros a uno de estos corredores y, allí, cogidos a las rocas del fondo para no ser llevados por la corriente, hemos aguardado el comienzo del espectáculo. La verdad es que los invitados no se han hecho esperar y han acudido prestos al suculento manjar, por lo que hemos podido ver más de una docena de estos tiburones. Además no han ido solos, sino que lo han hecho acompañados de tiburones de punta blanca, atunes y un banco de barracudas. Todo un banquete.

Por la tarde hemos visitado una isla desierta. Era la primera vez en unos días que pisábamos "tierra firme" aunque la sensación es de continuar enmedio del océano. La tripulación nos ha "retado" a un partido de fútbol, así que hemos hecho un Maldivas - España, aunque nosotros teníamos a un nacionalizado italiano ( Ricola) y otro maldivo (el capitán del barco). La verdad, que hemos acusado la buena vida que hacemos en el barco (comer, dormir y bucear) y hemos perdido 2-1. Despues del partido hemos disfrutado de un maravilloso atardecer, en una tumbona, mirando al mar. ¿Cuántas veces habíamos soñado con esto?

Tras el partido hemos regresado al barco a ducharnos y cuando hemos vuelto a la isla para cenar, nos hemos encontrado con un pasillo de luces excavado en la arena, que iba desde el embarcadero hasta la mesa, que habían decorado con mucho encanto para la cena. Hemos cenado, charlado y reído hasta que, finalmente, el cansancio ha podido más que nosotros y hemos regresado al barco para dormir.



domingo, 14 de septiembre de 2008

Miércoles 6 de agosto. South Ari Atoll


Después de un día tan ajetreado siempre viene otro más tranquilo, aunque en Maldivas, para un buceador novato como yo, lo de la tranquilidad es algo relativo, porque siempre acaba ocurriendo algo emocionante.
La primera inmersión la hemos vuelto a hacer en Kudarah Thila, pero esta vez la luz no era tan bonita y el buceo no ha sido tan impresionante. Hemos visto un tiburón de punta blanca, casi al final. Nicola me ha explicado (en su dialecto) que allí donde el arrecife acaba y comienza la arena, si buscas bien, siempre hay algún tiburón. En esta inmersión he ido con Hassan, el guía maldivo del que me había hablado ya Toni de cuando él estuvo ya aquí. Hassan es todo lo contrario que Judith, quizá por eso se complementan bien. Si Judith es de una expresividad contagiosa, Hassan cambia menos el gesto que Chuck Norris; si una en ocasiones me llevaba la mano, el otro me vigilaba desde la lejanía. A veces, incluso te da sustos. En la nocturna, estaba yo alumbrando el arrecife, cuando de repente ¡aparece una sombra en la oscuridad! Era Hassan. Según me explicó luego, su foco tenía poca batería y tenía que ir apagándola. Yo creo que, en realidad, él puede ver en la oscuridad y lleva el foco para disimular.
La segunda inmersión ha sido la fuerte del día. Hemos bajado hasta 33 metros de profundidad y hemos entrado en descompresión. Sin embargo, ha valido la pena porque hemos visto tiburones de punta blanca, una formación de cinco rayas y dos tiburones grises. Judith, que se emociona, me ha cogido del brazo y se ha ido en dirección a los tiburones grises para verlos más de cerca. Yo pensaba, “espero que ya hayan desayunado”.
Hoy ha habido reunión del “club del jacuzzi”. Yo, como ya pasamos bastante tiempo a remojo, he preferido quedarme tomando el sol fuera. He estado hablando de libros con Vanesa y después también con Manuela. Las dos me han recomendado que me lea “El niño del pijama de rayas”. Ya son tres las personas que me han recomendado este libro, así que tendré que leérmelo. Tal vez este invierno.

martes, 9 de septiembre de 2008

Martes 5 de agosto. South Ari Atoll


Al despertarnos por la mañana, no podíamos imaginar las emociones que nos iba a deparar este día. Para empezar, la primera inmersión ha sido la más bonita de mi vida en cuanto a belleza del paisaje. Kudara Thila es un arrecife de coral que tiene una profundidad de entre 25 a 30 metros y que en su parte superior está sobre los 10 metros. A su alrededor una explosión de vida como jamás había visto, nos envuelve con su manto de colores y de luz. Para hacer la inmersión más placentera, la corriente no se ha presentado esta mañana y hemos podido disfrutar mucho del entorno. En un momento dado, hemos pasado por debajo de un arco formado por el coral y detrás de este, el escenario se ha vuelto más espectacular si era posible. Un baile de peces de todos los colores, formando bancos y moviéndose en todas direcciones y con el decorado de lujo que forman los corales, gorgonias y demás vida vegetal marina.

Las emociones estaban lejos de acabar aquí, sino que iban a ir en aumento. Tras la inmersión hemos navegado hacia Sun Island Reef en busca del tiburón ballena. La comida fue muy rápida, porque Judith nos dijo que estábamos entrando en la zona en la que normalmente se le suele ver. Así que nada más acabar de comer, empezamos a salir a cubierta para ver si divisábamos al escualo. Parecíamos la tripulación del Pequod intentando encontrar a Moby Dick, sólo que nosotros con unas intenciones más benévolas.

Todo ocurrió muy rápido. Alguien desde la cubierta superior gritó algo en maldivo. Entonces, Judith nos dijo que nos pusiésemos aletas y gafas. El barco fue en dirección de otro barco que ya estaba allí. Fue entonces cuando vimos a muchos nadadores que ya estaban siguiendo al tiburón ballena. La tensión estaba patente, ¡a Manuela y a Tini había que cogerlas para que no se tiraran! Finalmente cuando estuvimos cerca, saltamos.

La búsqueda se convirtió entonces en una carrera detrás del animal. Todos nadamos lo más rápido que pudimos para verlo de cerca. La primera vez que lo vi nadaba por debajo de mi, pegado al fondo a unos 15 metros. Pude ver su larga cola, su cuerpo de unos cuatro metros y adivinar sus puntos blancos característicos. Aún pude verlo un poco mejor cuando ascendió hasta unos cuatro metros pero, entonces, volvió a descender para perderse en el azul.

Volvimos a subir al dhoni para equiparnos, esta vez con botella. Cuando estábamos acabando de vestirnos, volvieron a gritar que habían visto la sombra desde cubierta. Y aquí es donde la suerte, el destino o Neptuno me la tenía guardada. Cuando me levanté para tirarme al agua, Toni me avisó de que no llevaba plomos. Los minutos que perdí allí fueron cruciales para mí porque ya no pude ver al tiburón ballena de cerca. Como dice Toni, la suerte del buceador esta vez me había dado esquinazo. Esta era la primera espinita que se me ha quedado clavada del crucero. Espero que sea la única. Al mismo tiempo ya tenía una escusa para volver a Maldivas.